Reportaje| La
Gran Misión Vivienda Venezuela no ha logrado su visión integradora
La convivencia en los urbanismos
es superada por la violencia y la desigualdad
“La
ciudad de los techos rojos”, así era conocida la capital venezolana en aquella
época donde desde las alturas solo podían verse casas coloniales con techos de
tejas. Actualmente, la urbe tiene una imagen distinta debido al auge de las construcciones
verticales y la gran cantidad de viviendas improvisadas, que bordean y
enmarañan la ciudad. Dos puntos de vista muy disímiles que intentan entenderse
El resultado de las malas políticas
públicas, la falta de planificación y la migración constante de población rural
a Caracas, por varias décadas, terminó por visibilizar en los cerros del Gran Valle
la exclusión de las clases populares de la ciudad. En el deseo por establecerse,
la gente comenzó a construir casas, en su mayoría de bloques, sin el
reconocimiento de los urbanistas y arquitectos, además de ignorar por completo las
ordenanzas para los espacios. El problema fue creciendo cada vez más, porque no
solo se trataba de las construcciones improvisadas sino de la ocupación de
terrenos inestables y en alto riesgo, además del colapso de los servicios
(acueductos, cloacas y sistema eléctrico), que estaban a su alrededor y en
algunos casos por debajo de esas casas.
Luego del deslave ocurrido en el
estado Vargas en 1999, el país no había tenido episodios tan intensos de lluvia,
por lo tanto se siguió posponiendo la discusión por la demanda de viviendas.
Hasta el 2010, cuando la naturaleza volvió a imponerse. En Caracas, según el
Observatorio Cagigal, había caído más de 1.700 milímetros de lluvia por metro cuadrado,
las continuas precipitaciones provocaron que los terrenos inestables se
vinieran abajo, en conjunto con las inundaciones en varias zonas. Como
consecuencia, alrededor de 20.000 familias quedaron damnificadas y tuvieron que
ser trasladadas a varios refugios.
El desastre por las lluvias puso con
urgencia sobre la mesa el tema de la vivienda y el gobierno de Hugo Chávez comenzó
a trabajar, desde su visión, en el proyecto más ambicioso de la historia del
país. Con la iniciativa de resolver la crisis habitacional para los
venezolanos, en medio de la situación de las personas afectadas por los
aguaceros, también surgió el compromiso por saldar una deuda histórica de los
gobiernos anteriores, con la gente que fue relegada a las penurias de los
barrios caraqueños.
Es así, como a principios de 2011 nació la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), con el propósito de resolver el
déficit habitacional en un corto y mediano plazo. La Misión se encuentra
respaldada por la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, en su artículo 82 donde se
establece que “Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada, segura,
cómoda, higiénica, con servicios básicos esenciales que incluyan un hábitat que
humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias. La satisfacción
progresiva de este derecho es obligación compartida entre los ciudadanos y
ciudadanas y el Estado en todos sus ámbitos”.
La construcción de los edificios de la
GMVV empezó a marchar bajo una premisa del gobierno revolucionario, que se colocó
como meta edificar 3 millones de viviendas, entre 2011 y 2019. Hoy, según
información publicada en el sitio web del Ministerio del Poder Popular
para Hábitat y Vivienda, van 1.012.234 viviendas concluidas. La conducción de
un proyecto tan amplio ha ameritado la colaboración de todos los vértices:
económicos, políticos y sociales, pero la celeridad por mostrar resultados a
puesto al descubierto una falla, en la inserción de las familias que provienen
de los barrios. Entonces, la convivencia dentro y fuera de los complejos
urbanísticos de la GMVV, se volvió un tema de interés público para la sociedad.
Cuando el gobierno decidió entregar
las casas, no estaba calculando el cambio tan significativo que comprendía
sacar a personas de un ambiente muy particular como lo es el barrio a otro
ambiente con un código de comportamiento distinto. Los barrios están marcados
por una situación socioeconómica, donde las carencias y el entorno les imponen
a los individuos una convivencia diferente. Era necesario que desde los
refugios hubiera un trabajo cuidadosamente diseñado, para que el impacto no
fuese tan grande. Sin embargo, solo se impartieron unos cursos de convivencia
para el momento de mudarse a los edificios.
Por lo tanto, los problemas fueron
apareciendo, y haciéndose cada vez más graves y evidentes, hasta el punto de
ser reseñados diariamente por la prensa nacional. La delincuencia,
los
homicidios y el
mal vivir, son parte de una lista de dificultades, que se asocian a los
complejos urbanísticos de la Gran Misión Vivienda Venezuela.
La socióloga y especialista en
población, Flérida Rengifo, señaló que “el Estado entregó las casas y no asumió
que se las entregaba a familias, habitantes venezolanos, con costumbres, con
valores y con maneras de llevar la vida que en algunas partes pudieran ser
reorientadas o acompañadas, para darles algunos elementos orientadores”.
A su vez, explicó que, hay ciertos
comportamientos que son muy difíciles de dejar atrás, cuando son por un largo
tiempo, entonces es común que las prácticas cotidianas del barrio buenas o
malas se sigan manteniendo. “Es como una mezcla de lo viejo con lo nuevo, que
siempre se da en todo proceso social, y que es posible que vayan prevaleciendo
las costumbres”, expresó Rengifo.
Por su parte, el psicólogo social, Fernando
Giuliani, declaró que los cambios en las conductas no se pueden ver
rápidamente. “Si bien, es cierto que los espacios de convivencia, es decir los
urbanismos, efectivamente están diseñados con la intención de que la gente
habite allí y conviva. Son diseños que responden de alguna manera a facilitar,
pero eso es una cosa y otra cosa que automáticamente un sujeto, una familia o un
grupo de gente por el hecho de cambiar de residencia, inmediatamente emerja
allí una manera de convivir distinta, eso no ocurre así, muy por el contrario, muchas
veces las cosas se complican más”, sostiene Giuliani.
Asimismo, el psicólogo social, insistió en que la gente procedente de los barrios no se debe ser etiquetada, exponiendo
que “no veamos esto como si eso chocara con una carencia, a veces desde
prejuicio, casi congénita del habitante de barrio, nadie que no haya vivido
nunca en un edificio tiene todas las herramientas para vivir en uno, eso no es verdad, a todos nos cuesta. Tú puedes
ser de clase media, nunca viviste en un barrio, pero si viviste siempre en una
casa, el día que tú te mudas a un edificio te cuesta adaptarte a eso”.
Estas opiniones, demuestran que la
problemática respecto a los fenómenos violentos que se viven en los edificios,
tienen que ver con múltiples factores al momento de entender la vida, que
requieren de un acompañamiento, en conjunto con las disciplinas que estudian a
los individuos, con los mismos ciudadanos y las instituciones encargadas.
Del mismo modo, la socióloga agregó que “trabajar
con grupos sociales no implica sencillamente pasar manuales, no, implica un
trabajo más complejo, de mayor integración entre el orientador y el beneficiario.
Un trabajo donde haya más sensibilidad”.
Pero, hay que reconocer que no todo
dentro de los complejos urbanísticos ha sido negativo. Las familias que han
logrado llegar a acuerdos y conformar los Consejos comunales o Comités
multifamiliar, como lo establece la Ley
del Régimen de Propiedad de las Viviendas de la Gran Misión Vivienda Venezuela,
han determinado sus normas de convivencia y de forma organizada mantienen el
reto de ser sus propios vigilantes del orden y la paz.
Ahora bien, la violencia desatada en
los urbanismos no forma parte exclusiva de
esos sectores, y en ello coinciden ambos expertos.
“Es un tema sumamente complejo, porque
esa es una violencia estructural, esa no es un violencia coyuntural del momento.
Vivimos en un país lleno de violencia, estás rodeado de violencia, en un
contexto violento, entonces resolverlo
implicaría que las condiciones y la calidad de vida cambiaran”, precisó
Rengifo.
Del mismo modo, Giuliani, argumentó
que “el problema que nosotros tenemos es una situación estructural de
delincuencia organizada en el país, que donde ve la oportunidad territorial de
operar, lo va hacer. Los urbanismos son una oportunidad territorial, para que
la delincuencia organizada que ya existe, actúe allí”.
El testimonio de Sandra de Laya, de 33
años, damnificada de La Guaira en el 2010 y ahora residente del piso 1, en la
segunda torre, permitió conocer un poco más la perspectiva de quienes conviven en
los edificios de la GMVV.
También, Zulema Jiménez, de 34 años,
vocera del consejo comunal en el piso 10, detalló cómo se organizan para
mantener limpias las áreas comunes y resolver los gastos que se generan.
Cuando se consultó por el problema que
más aquejaba a los vecinos en el urbanismo “Argelia Laya”, la mayoría coincidió
con la contaminación sónica, es decir, el alto volumen de la música que
escuchan las personas. A veces, durante todo el fin de semana hasta altas horas
de la noche.
Por consiguiente, el impacto no se
vive solamente dentro de los edificios, ya que el entorno está obligado a
involucrarse. Los vecinos externos a la GMVV, a pesar de reconocer el derecho a
la vivienda no se sienten a gusto con los nuevos habitantes, debido a los prejuicios de la sociedad, la polarización
política y la incomprensión de otra forma de coexistir.
Rengifo manifestó que se debe “hacer
un trabajo tanto con los habitantes históricos como con los habitantes que
llegan. Un trabajo previo, que te permita de alguna manera establecer una base,
para una futura integración que ellos la irán construyendo, pero si les dan una
base para esa integración, probablemente esa construcción será menos dolorosa,
menos conflictiva, menos violenta y la
visión del uno hacia el otro será cada vez menos negativa”.
Desde
afuera
Cristal Ordoñez – vecina
Cristal Ordoñez – vecina
Me
parece que como proyecto (la GMVV) es una gran idea, todos tenemos derecho a
vivir bien. La única mala idea que tengo de todo esto, es que debieron haber
hecho un censo antes de meter a toda la gente que vive en estos sitios. Realmente,
los fines de semana padecemos de una intranquilidad total, porque la música se
activa a las diez de la noche y la apagan los domingos a las cinco de la
mañana.
Estoy de acuerdo (con la GMVV), lo que
pasa es que no hicieron un censo, no previeron muchos detalles, porque así como hay personas muy
buenas, también hay personas que no son buenas.
Sin respuesta
En busca de información oficial sobre
las políticas de convivencia en las residencias de la Misión Vivienda, se envió un correo electrónico para
solicitar una entrevista con un vocero calificado en la gestión del Gobierno;
sin embargo, nunca se recibió una respuesta. Posteriormente, se realizaron dos
visitas a la sede del Ministerio para Hábitat y Vivienda, donde la persona
identificada como Dileima Cacique, directora general de Hogares de la Patria,
accedió a la entrevista, para luego ser pospuesta por la directora en las dos
oportunidades.

Si convivir en una residencia donde se paga condominio es difícil, no me quiero imaginar como debe ser en la GMVV. La pobreza está en la mente de las personas, no en los bolsillos.
ResponderBorrarMuy buen articulo
ResponderBorrarMuy buen articulo
ResponderBorrarEl gobierno debe planificar todas sus políticas. La cultura de un país se forma desde el hogar.
ResponderBorrarMuy buen trabajo, sin duda, la convivencia no es algo sencillo. Muchas veces las personas no son conscientes de lo importante que es respetar los derechos de los otros para poder vivir en comunidad.
ResponderBorrarexcelente articulo , con respecto a la GMVVV Fue un buen plan pero no tomaron muchas características y/o previsiones a futuro eso incluye el censo hubo mucho desorden y hoy por hoy no es lo que verdaderamente se propuso al comenzar con esta ayuda humanitaria y derecho que tiene el mismo gobierno para ayudar al pais.
ResponderBorrarBuen reporte... el gobierno jamas realizo un estudio social, en el cual saber el impacto que esto casionaria en cada espacio tomado para la GMVV y llevar a cabo el proyecto.. hoy vemos el impacto que a ocasionado en cada unas de las familias y vecinos cercanos a ellos.. no repudio este proyecto debido a que el gobierno debe ayudar a todo aquel que necesite de un hogar... pero tambien otro gran error, hay familias que se metieron en refugios teniendo no una sino hasta 2 casas sin considerar tambien a los mas necesitados que de verdad lo requieren... y con el perdon por mis palabras se llega a escuchar, hasta decir y lo digo con base tambien. Que el gobierno lo que creo fueron barrios verticales.. por hacer todo apresurado y sin un estudio..
ResponderBorrarLamentablemente, tanto para quienes reciben las viviendas como para aquellas que viven a su alrededor, la falta de planificacion e implementacion de medidas para satisfacer las necesidades de una poblacion ha desmejorado su calidad de vida
ResponderBorrarEl estudio social es simple... la personas allí se ve que no quiere formación y visión de trabajar duro, lo que se necesita es estabilidad y educación para surgir, lo fácil ya no es el camino del pensamiento de su "LEGADO" .
ResponderBorrarEste proyecto pudo haber funcionado si desde un principio se hubiesen realizado los estudios necesarios para llevarlo a cabo. Esto sin duda, es más fácil que lograr que las personas se comporten de la manera adecuada, la pobreza muchas veces no se mide por la cantidad de dinero que tengamos.
ResponderBorrarSin duda alguna la mala planificación, la falta de políticas sociales eficientes trajo como consecuencia los anti-valores en la conducta de la mayoría de la sociedad venezolana, lo que causa discriminación y fracturacion en la sociedad, para resolver esto se necesitan décadas de políticas sociales eficientes hacer un trabajo de adaptación recuperación de valores entre grupos sociales distintos para que se borren los prejuicios, la discriminación social entre unos y otros por la diferencia de clases, esto obviamente no se logra de la noche a la mañana, pero aplicando políticas asertivas de seguro que progresivamente las generaciones entrantes irán adoptando otra manera de pensar aceptando y respetando al prójimo, norma fundamental para la convivencia e ir construyendo cada vez una mejor sociedad.
ResponderBorrarNuestro "gran" gobierno bolivariano jamás ha estudiado a la sociedad. La cultura del venezolano se ha ido perdiendo. Prejuicios van, prejuicios vienen, ¿por qué etiquetar a un individuo de marginal por vivir en un barrio? ¿porque etiquetar a un individuo de "sifrino" por vivir en un edificio?. El dónde vengo no define mi personalidad.
ResponderBorrarRespecto a lo que el artículo se refiere, no hay que pretender que la gente que vivía en un barrio, se comporte de otra manera por vivir en un edificio. Todo va a depender de la cultura y educación que se tenga.
Los "barrios verticales" cambian es una estructura no tu manera de ser ni de vivir.
Excelente enfoque.
Saludos.